México: Textura , Sabores, Aromas y Colores CortesÃa de i motion ---- Septiembre 06
En todo el mundo, en cada país, hay festividades en determinadas fechas, pero los mexicanos nos llevamos las palmas en ese ramo, somos los reyes de las fiestas temáticas y de manera de festejar y estoy segura de que después de leer esto estará usted de acuerdo conmigo.
Casi todos los meses del año tenemos por lo menos una fecha que celebrar -y eso es independiente del cumpleaños, santo, aniversario y lo que usted quiera y mande-, por ejemplo, tenemos que en enero festejamos, para los más pequeños, la llegada de los Reyes Magos, y para los mas grandes partimos la deliciosa y tradicional rosca de Reyes; esta puede variar en su confección, si es casera casi siempre estará hecha con artículos de primera mano, si se compra hecha en cierto lugar las hacen rellenas de nata, en otro las encontramos cargaditas de nueces y en la mayoría de las pastelerías, con sabor a mantequilla y un ligero toquecito de naranja, eso sin contar el alegre color que le da la fruta seca y cristalizada. Este festejo nos da pié para que lleguemos al dos de febrero, día de La Candelaria, cuando tenemos pretexto –hayamos sacado o no el niño de la rosca- para comer los tradicionales y ricos tamales: hay rojos, de dulce, verdes y de rajas, los deliciosos canarios de Toluca -que en lugar de manteca llevan mantequilla y parece que estamos comiendo pastelito-; ¿que tal los oaxaqueños en hoja de plátano o los poco conocidos tamales de chipilín que se comen en Tabasco? Ahí baten la masa con la carne de puerco deshebrada y esta deliciosa hierba aromática “chipilín”, servidos calientitos y bañados con una salsa de jitomate bien picosita; esta deliciosa comida la podemos acompañar con chocolate, café, refresco o atole de los sabores más variados e increíbles, como por ejemplo: de guayaba, champurrado de mamey, arroz, nuez, vainilla o fresa, por cierto, ¿ha probado usted el atole de galleta? ¡Si, de galleta! Yo ya lo tomé y es simplemente delicioso. Pero además, en febrero no podemos olvidar el día del amor y la amistad, ya sabe usted como nos la gastamos los mexicanos para festejar esta fecha de la manera más variada, ya que lo mismo puede ser una agradable comida, una romántica cena una serenata o unos sofisticados chocolates.
Marzo tiene dos fechas importantes: la llegada de la primavera que coincide con el Natalicio de Benito Juárez el día 21 y el tercer domingo la reunión se impone para convivir con los compadres en su día. En abril 30, el Día del Niño nos obliga a comprar los dulces más variados y obsequiar con ellos a los pequeños. El importante mes de mayo sirve para que el día 10 las Madres reciban un justo y merecido homenaje, aunque muchas veces ellas tienen que guisar -en muchas casas no perdonan que mamá va a hacer mole con guajolote o de perdida con un humilde pollito o carne de cerdo-, y de ahí nos saltamos al tercer domingo de Junio, donde no puede faltar el festejo a los sufridos Padres. Julio nos da un pequeño descanso, pero el día 28 de agosto celebramos el día del anciano o adulto mayor, que sirve de preámbulo para prepararnos para la fiesta más importante de los mexicanos.
En septiembre llegan las fiestas patrias, época en la que aprovechamos para mostrarle al mundo nuestra unión y fervor. En particular, los mexicanos nos esmeramos en la imagen que vamos a mostrar al exterior; lo que resulta impresionante -y esto lo he podido constatar personalmente- es la forma en que los turistas se maravillan del esmero y la preparación que le damos a este evento y llama la atención la manera en que se contagian y disfrutan de algo que no es tan habitual a su idiosincrasia. En cada rincón de nuestra hermosa República Mexicana y en muchas embajadas del extranjero nos preparamos para esta celebración que se organiza y trata de adaptar según el lugar -imaginen una Noche Mexicana en la India-. En estas fechas en especial disfrutamos más de las banderas tricolores fabricadas en todos los tamaños imaginables expresamente para la ocasión. Mención aparte merecen todos los adornos y artesanías que hacen nuestros artesanos que son algo único en el mundo. ¿Y que decir de las avenidas iluminadas con miles de foquitos representando escenas de la Revolución y mostrándonos las caras de nuestros héroes?
Algo muy especial es la enorme variedad de comida que se degusta en este mes, ya que curiosamente en estas fechas podemos encontrar todo lo que se hace a lo largo del año en fechas específicas: aquí nuevamente podemos degustar los tamales en todas las versiones ya mencionadas, hay pozole verde, rojo y blanco, menudo -o pancita, el nombre varía según la región-, barbacoa, tacos, tlacoyos, sopes, quesadillas, gorditas de masa rellenas de chicharrón, queso y lo que a usted se le ocurra. Los buñuelos cubiertos de miel son también parte de estas fiestas, los tradicionales pambazos que asemejan nuestra bandera tricolor, pues este pan relleno de papa con chorizo esta remojado en una salsita roja, bañado con blanca crema y queso y rematado con salsa verde bien picosita.
¿Qué tal eh? ¿Se les hizo agua la boca? Y para refrescarnos no hay como un refrescante tepache, bebida de cáscara de piña fermentada y exclusiva de México, también hay aguas frescas de lo que usted quiera, horchata, jamaica, limón, piña, tamarindo…¿o que tal un pulquito curado o una cerveza bien fría? Y lo mejor de todo para muchos, el tequila, tradicional en esta época –y en el resto del año-, con su chupadita de limón y los granos de sal para que resbale más sabroso y no nos raspe la garganta. ¡Y no puede faltar el remate perfecto! El postre, que lo mismo puede ser una jericalla o flan, dulces cristalizados, camote, calabaza, biznaga, piña, dulces de leche quemada o de cajeta, arroz con leche, cocadas y plátanos fritos, nieves y helados, raspados de grosella, limón, guanábana o leche quemada...¡Mmmmmmh!
Pero sería interminable enumerar la cantidad de cosas que encontramos en este mes en el que nos sentimos tan invadidos de patriotismo y en el que la gran mayoría de las personas portamos con orgullo algún adorno alusivo durante todo el mes: una pulserita tricolor, moños y adornos para el cabello, corbatas, pines y botones para los hombres y prendedores para las mujeres. ¡Y que la noche del grito de independencia! Hay que vestirse de acuerdo a la fecha: los rebozos y los sombreros salen a relucir, los gallardos trajes charros y las faldas amplias y de colores como queriendo emular a las aguerridas adelítas de la Revolución. También escuchamos y cantamos a grito en pecho nuestra música mexicana y ranchera, buscamos a los mariachis, las bandas y todo lo que nos implique nacionalismo.
Durante treinta días seguidos, los cohetes, chinampinas, cornetas, buscapies, las bombas multicolores que iluminan el cielo, los toritos llenos de luz y gran cantidad de estos artilugios pirotécnicos nos ensordecen, ayudándonos a no olvidar ni por un momento el mes en que estamos; para que el festejo sea aún más colorido y ruidoso, nos alistamos para que, llegado el momento, sintonicemos el radio o la televisión o asistamos a lugares claves del estado en el que vivimos para escuchar las palabras que la autoridad del momento gritará desde un balcón, una plaza, un kiosco o un zócalo: “Mexicanos, ¡Vivan los héroes que nos dieron Patria! ¡Viva Hidalgo! ¡Viva Morelos! ¡Viva Allende! ¡Viva la Corregidora Josefa Ortiz de Domínguez!”, y después de estos se mencionan muchos otros personajes o acontecimientos, porque cada quien le agrega de su cosecha, rematando con un sonoro, grandioso y coreado “¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!” Este es el clímax de la celebración, porque en ese momento, mexicanos y extranjeros en todo el mundo se unen para vitorear al mismo tiempo a México. Es emocionante ver como personas, tan ajenas a nuestras costumbres, disfrutan con nosotros y comen, beben y festejan un acontecimiento que es importante solo para los mexicanos.
El resto del año contamos también con fiestas muy importantes, como por ejemplo, en octubre, el Día de la Raza el día 12, en noviembre el Día de Muertos –los días 1 y 2-, conmemoración que merece mención aparte y que haremos en su momento, al igual que las bellísimas fiestas decembrinas, con las posadas, la navidad y el año nuevo, sin omitir por supuesto una de las celebraciones mas importante para la comunidad católica del país, el santo de la Virgen de Guadalupe.
Estoy segura de que no hay festejos tan particulares en ningún lugar del mundo, me refiero a la manera de celebrar, dicho esto con todo respeto y sin desmerecer a nadie, porque ese toque que tenemos para ensalzar nuestras fiestas populares con sus sabores, olores y texturas, es característica única de nosotros, los mexicanos.
Esa es la cualidad que tenemos, saber disfrutar y hacer que los demás gocen con nosotros, saber compartir lo que tenemos sin importar credo, raza o estatus económico, y es que todo lo ofrecemos de corazón, no importa el remoto lugar en el que vivamos, ya sea en alguna cálida playa con arena blanca como talco o hermosos guijarros multicolores, en la montaña fresca de enormes árboles y bellas cascadas de agua cristalina o en la sofocante selva con su verde y rabiosa vegetación; tal vez en la majestuosidad de algún sitio colonial o en la sobriedad de una moderna y pujante ciudad. Todos nos unimos para compartir estas fechas, así que: ¡Felices Fiestas Patrias! ¡Que Viva México ca…ramba! ¡Claro que sí!
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